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SÉPTIMO CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA 2009 "LA LECTORA IMPACIENTE"
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PREMIO
Carla Xel-Ha López Méndez
Guadalajara, Jalisco, México
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A Richard Hamilton ¿Y qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos? Su tarde de collage sus paredes llenas de viñetas diálogos comprimidos en globos Colores gritones hermosean en la televisión egocéntrica de la sala (adornada de plásticos sillones) y es la radio un perico con bocinas. El techo parece flotar en el vacío, y por la noche nos atrae ese silencio triste debajo de la cama.
Mundo Girondo I En la masmédula manos amamantan anémonas mamonas que se aman II El mundo gira girondo hondo gira el mundo girondo girando mundo escribe hondo. III Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates y t a m b i é n d e s d i b u j a n l o s v e r s o s l a r g o s IV En el ¼ cantan las ranas ¼ a las 12 (usted dirá si a mediodía o por la noche) Cantarranas andan arranadas en la nada y ya no nadan V Lumia ¿Cómo preguntarte lo más simple lumia sin necesitar la luna y la sombra de los gatos sin recitar rondas infantiles de miles de niñeces ? sonrisa nace tormenta de mañanas vértigo. Lubidulia telúrica ¿ A dónde vas hoy tan infinita ?
Estudio para autorretrato de Bacon Un autorretrato muere la pintura real es una enfermedad un espejo frente a otro. Aun no dibujas tu cabeza, en su lugar, una mancha roja nace ya lo has dicho "todo cuadro es un accidente"
Recorremos el museo de mi recámara, el polvo ocupa las orillas altivo, soberbio me hablas de Bacon, de Hamilton, de tus sueños llenos de onomatopeyas. Yo pienso en tu espina dorsal masmédula acomodada como rieles de mis ojos tren lento (mi lengua, mis labios, mis dedos). ¿Qué imágenes faltaron y cuántas fueron devoradas, por cuántos ojos ? La última película que veré contigo ¿la recuerdas? ... la escena del retrete por donde escapan acuáticas
las cartas No amanece (la ventana es demasiado grande para no notarlo) estás sentado no te has ido pero ya no hablas y de repente parece que dormimos uno tan lejos del otro ¿habrá que fingir silencio? ..porque éste es tan sincero que nos mata. FINALISTAS
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José María de Juan Alonso Alpedrete - Madrid
El bibliotecario de la nada avanza en su vieja bicicleta levantando la niebla de los sueños. Aúllan los monos en la espesura de los árboles con una especie de llanto infinito que inquieta todos los silencios. La mañana del Congo huele a pólvora vieja y a sudor de felinos encelados. Aquí las nubes sí están llenas de lágrimas perpetuas que vuelven a bajar sobre los hombres con cada tormenta. Huele a la humedad dulzona de los trópicos pero no hay ningún libro a la vista en el que depositar las esperanzas. Las esperanzas están en esas horas muertas, rellenando fichas para clientes imaginarios, esperando el día en que los libros vuelvan a vivir en otras manos, vuelvan a transportar esperanza entre los poblados y a vivir en los sueños de la gente. Las estanterías están desiertas pero el bosque está lleno de sueños, la sabana está llena de sueños. Sólo a base de sueños es posible sobrevivir aquí. A los bibliotecarios de la nada también podéis decirles tal vez cómo es un árbol pero no les digáis cómo es la dignidad. La dignidad es este guardar los libros cada día después de haber luchado hasta la última sangre, la dignidad es guardar los libros con el mismo celo de los diamantes de sangre, los libros donde se guardan las palabras que se escribieron sólo una vez sobre el viento aquí donde los lápices se parten en dos para que dos niños puedan escribir dibujos de criaturas mágicas del bosque que vienen a visitarnos desde el final de los tiempos cuando no habia libros. Van pasando las horas y el polvo del tiempo se acumula sobre los libros, las horas pesan más que la lluvia sobre el techo de hojalata. Los libros están escondidos en cajas bajo las tarimas de las casas de los que los aman. Cae la tarde con su cielo de plomo sobre las almas y aquí no somos ni el tiempo que nos queda, sólo viviremos si alguien está dispuesto a recordarnos. |
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Aureliano Cañadas Fernández Madrid
1 Por qué no fui dotado Más que darme la luz, me hiciste la luz misma, la posibilidad de ser el mensajero que, súbito, llevara tu palabra cuando palabra y hombre naciesen; de penetrar los muros herméticos del tiempo que circundan su vida; de poseer en tal grado belleza, que en un adolescente sería puro estigma si alguna vez alguno la alcanzara. ¿Por qué no fui dotado de ese instante que al mortal perpetúa? 2 El gozo Me niegas cuanto habrás de concederle al hombre: ese instante que abra una puerta en el tiempo, esa llave relámpago con la que, torpe, imita el gozo inexpresable de tu contemplación. 3 Luzbel Mi grito es el eterno contrapunto del nombre que cantan los celestes cuerpos. En vano, la luz creadora de la vida, huye en el espacio y en el tiempo. Porque soy Luzbel y nadie escapa al oscuro poder que me otorgaste. 4 Piedad divinaComo al hombre le duele, tanto tiempo después, un miembro cercenado, aún me duelen las alas por mucho que me arrastre y por nada que ascienda. Tu piedad se derrama por mundos devastados, por selvas y desiertos: nunca llega hasta mí. ¿Es o no es infinita o la perfecta trama para el dolor urdimbre, el reino que me dejas, como la vida, efímero? 5 Dios de los perros Dios, punta de lanza que diamantinamente hiende la oscuridad. Dios Luz Inextinguible, sin cuya voluntad no se estremece ni una brizna de hierba, ¿de qué te sirve el dolor de los perros? ¿No escuchas sus aullidos en el concierto de los cuerpos celestes? ¿O de sus pieles haces, cuando son desollados, crecer el cinturón de tu infinita cintura, de sus vaciados ojos estrellas que titilen en la noche de tus cabellos? Ángeles, arcángeles, serafines, tronos y potestades cantan tu nombre interminable como universo, sin la resurrección de sus ladridos, de su alegría elemental. |
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Los dias eran frágiles, pequeños Pilar Gómez Gracia Torrelodones - Madrid
Los días eran frágiles, pequeños -se cansaban como niños- sufrían de desidia, desgana, acaso de nostalgias, de apatía, violenta enfermedad de nuestro tiempo -discúlpenme los términos- sufrían por los cuatro costados, de este a oeste, norte a sur, quiero decir con dolores de parto -caducos pero siempre primerizos- sangrantes las esquinas de los mapas que - todos sabemos - no tienen más mérito que marcar el lugar del extravío heridos los cuatro puntos cardinales -eran cinco antes de naufragar el epicentro- nada quedaba sino descender, - de a poco y sin remedio - a los infiernos, ardua tarea si uno quiere hacerlo desde dentro, sin alardes, ahora que parece estar de moda abanderar cada victoria como propia nadie tiene balneario interno propio, ya saben, sauna, barros, aguas cristalinas -con plaza libre- para dar reposo a desalientos ajenos ni siquiera la ciudad, menos aún sus calles solitarias, los bares cierran de madrugada cuando estás a punto de tragarte esa locura con un poco de alcohol, hielo y amnesias -que siempre es mejor que nada- ustedes saben, los sueños de contrabando siempre caminan la noche de puntillas, tenemos atravesado el porvenir como una espina, como una piedra en el zapato -los besos no dan abasto con tanta pena- violenta apatía les decía al principio ¿recuerdan? quizá debí llamarlo fracaso o pequeño homenaje al desaliento pero me temo sonaría exagerado -aunque sea cierto- es por ello que retorno a lo oscuro, a estas cuatro paredes, que al menos son seguras, - ¿seguras para quién?- y tomo papel blanco y escribo -en pasado, para que no parezca urgente y menos aún irremediable- eso de... "los días eran frágiles, pequeños..." |
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Óscar Martín Centeno Alcobendas - Madrid
Llegará un día en que seremos sueños, voces encadenadas, y volarán los pájaros insomnes a nuestro alrededor desnudos como ángeles, y el viento desgranará la música francesa que no escuchamos nunca, y Amiens-Sur-Siene será una luz lejana que huye de nosotros. El mundo entero seguirá girando ajeno a tanto amor, y las palabras reordenarán las frases lentamente, casi con un suspiro, mientras cruzan las lágrimas su rosario de gestos, y el recuerdo se aleja cosiendo sus retazos. Muy lejos, mar adentro, donde la espuma canta melodías oscuras que olvidaron los hombres, yo te estaré esperando, y el silencio que dejaste en mis palmas tendrá las llaves para abrir un mundo donde siempre debimos encontrarnos. Lo único que entonces podré darte será este corazón, este naufragio, y las velas ardiendo de una esperanza rota, sobre este barco en llamas. Y es que una vez te quise, ¿lo recuerdas? Fue hace ya mucho tiempo. Pero aquí esas cosas no importan. Los cristales se enfrentan y deshacen destejiendo los años como un caleidoscopio donde acabas mezclando las mil imágenes del desaliento. Es que una vez te quise. No me importa repetirlo mil veces. Mañana tú y yo podríamos mirarnos lentamente en el cauce del río, bajo las rosas mudas con que empieza septiembre. Y allí es posible que podamos vernos uno al lado del otro, y comprender tantas y tantas cosas que se nos escaparon. Quizá entonces te entregue como un regalo que se da si esperar ya nada, la luna silenciosa de este amor que despacio me mata repitiendo tu nombre. |
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Martha Cecilia Cedeño Pérez L’Hospitalet de Llobregat - Barcelona A Luna del Mar
I Llévame contigo allá donde la mar es recuerdo y llama de arreboles. No abriré los ojos a la tarde y te buscaré en el intersticio de los días ¿Alumbrara, acaso, tu memoria de minotauro con mis palabras huidas? II Me bebo y me consumo, soy el agua que corre por tus manos ave de presa ceñida a tus caderas. Devoro tu recuerdo y la lumbre de tus párpados me habla: "Arrancad las sombras dormidas en tu boca, arrancad los exilios despiertos en tu espalda". III Una mujer de pecho encendido sigue la señal de la noche, alza su falda de pájaros y tropieza con el viento. Atrás unos ojos largos, la esperan y un oscuro temblor muerde el camino… IV Soy una sombra que se agita entre los pasos de otros pasos, una desconocida al acecho de gestos y miradas signos velados de la ruta efímera, del camino repetido y nuevo entre esquina y esquina. Soy el ojo la pupila la visión de los otros en la calle movediza y su trayectoria silenciosa de no retorno. V No me sigas hombre del espejo, figura vencida al filo de la existencia. Tus manos de guerras y heridas no hablan de conciertos ni de cigarras en el árbol del camino. Coge tu espada y mira hacia los bosques, allí el alba te espera. VI Ayer escribías en las paredes las incesantes notas del universo. Ocre y blanca brotaba la música de la tarde y de las estaciones de autobuses donde esperabas, hora tras hora, el cascabel de la partida. Fabuladora de cuentos te llamaban y lo creías risueña pensando en los enigmas más allá de la mar. Con la cabellera suelta saliste temprano a recorrer los campos de trigo y unos ojos te lloraron desde el marco de la puerta. Hoy no hay canciones ni universos transparentes sólo el regreso colgado en tu espalda. |
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Óscar Casado Díaz Madrid
Duermo en la biblioteca maldita entre las ruinas de los libros que ardieron bajo el holocausto me cubre una manta de vacío y las sombras me atraviesan humedecidas por la tinta de volúmenes finitos
trozos de almas muertas mutiladas por la metralla
trozos de un pasado deleznable quebrado en el peso de las letras
trozos de enfermedad que tiemblan bajo los miedos de mi noche
Ulises ha muerto y Leopold Bloom recorre ebrio los pasillos oscuros de la biblioteca de Alejandría perros aúllan a los espectros en Palmira y un laberinto minúsculo se esconde en el interior de una caja de galletas
nos dijeron moriréis eso dijeron
porque existe una hermenéutica para cada acto que los signos saussurianos ignoraron siempre y una lectura abierta para resucitar las débiles emanaciones del inconsciente
nos dijeron moriréis pero Ulises ya está muerto
mañana cuando el sol se oculte Molly orinará sobre su tumba Leopold canturreará una canción del porvenir
un sueño de espejos Ulises sesilU Homero oremoH Joyce ecyoJ Yo oY
espejos de un sueño
duermo escucho el infierno voraz de las palabras sueño con los oráculos de Saturno mientras cánticos extraños se elevan sobre los pasos inestables de la vida y de la muerte
y para muchos Homero no existió nunca |
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Aitor Marín Correcher Villaverde Bajo – Madrid I Te vas, y en la ciudad llueven cristales, se levanta un aire de alfileres helados. Se funden todas las luces, de todas las calles de alquitrán, fantasmas y silencio. Los charcos cortan. Yo voy descalzo, convencido de que nada puede causarme más dolor que ver como eres ya un rostro de vapor detenido en la memoria, un rumor de lluvia perpetua, un punto de fuga en el horizonte de ceniza. Y pensar que abrazados en una esquina del tiempo fuimos, alguna vez, sólo luz. II Llegarás a París con frío en las maletas. Te aliviarán los guantes las manos con las que tocabas estas manos, cansadas y ásperas, que escriben sobre su muerte. Te arropará la bufanda el trago apretado de lo que tus ojos miran, la boca con la que besabas esta boca, de escarcha y miedo, que está más callada que nunca. Te protegerá el abrigo el cuerpo que dejaste grabado en este cuerpo, trémulo y sin ropa, que vaga por todas tus calles. Pero bajo la piel que resguardas, habitará sin prisa, la lágrima helada de Madrid. III Ahora que la distancia son centímetros y segundos y que han sido años y calles, nos buscamos las miradas entre haces de luz. Y filtrados por los cristales del olvido tus ojos me arañan el pecho, me zarandean el alma que tuve en algún tiempo viejo, de horas que pasaban como trenes de plomo y madrugada. Y es lejano el vaho resacoso de nuestras bocas, el olor a incendio en el verano de nuestras pieles, tan desconocidas ya, que no se rozan y arden sábanas, que no se humedecen y resbalan una en otra en ritual. Mis ojos registran los tuyos y en un rincón, el más negro y profundo de tu abismal pupila, me encuentro abrazando el recuerdo vaporoso de tu cuerpo. Me hablas con voz de hielo y la luz quemada de tu rostro tirita y desaparece junto a mi adiós metálico. |
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Héctor Javier Delaloye Echavarría Rosario- Argentina Gritaron como ajenas las estrellas heridas por mi ahogo, y el sostén oscuro de la noche se apretó en tu recuerdo como queriendo abrazarlo conmigo. Yo deseo sentirte Igual que esta brisa momentánea. Igual que la resignación errática de mi rincón cualquiera. Igual que esta caricia que eriza mi piel de nostalgias entre un Te Amo ilusionado. Eres el aliento de mis días más allá de las formas y de los árboles. Por debajo mismo de mi azul eterno. Sobre esta melancolía que no me libera y dibuja capullos inquietos en los parches de mis versos. Se durmieron ligeramente como celosas, mis ansias bendecidas por tu ausencia. Y pasan las horas, minutos, segundos, protestando entre las terrazas y agonizando de a poco entre la aspereza de mis pensamientos. Y pasan mis horas, minutos, segundos, mientras voy trocando tu rostro con los pétalos magenta de mi horizonte nuevo. Gritaron como ajenas las estrellas heridas por mi ahogo. ¡Ah!, y este vacío a mis espaldas que se lleva tu perfil que amo tanto, hacia litorales de otros dueños.
Pianista Las
notas inquietas danzaban en tiempos suspendidos acompañando el papel donde
perfectas bailaban. del
roble fino que acariciaban. como
siempre lo soñaste.
Conmuéveme como lo hacías se ha encarnizado ya con tu aliento? Tu rosa roja se marchita y tu
clavel cubierto de prosa |
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Juan Francisco Navarro Llinares El Campello - Alicante
PRIMER FRAGMENTO. La mujer sin futuro la mujer sin futuro delante del tocador improvisado que es una pila de libros irregular se arregla el pelo lacio sus potingues se caen por el suelo y se queja emite ruidos guturales me mancha el lienzo junto a la columna de libros que culmina en un flexo sin bombilla y me quiebra la vida porque va a volver un día cualquiera llamará a mi puerta con sus labios sucios de carmín y su mirada perdida en algún lugar del paisaje impresionista que es mi cuarto volverá como se fue y como vino con una botella de regalo medio vacía y con un poco de vida prestada en el bar de la esquina no puedo entender porqué entra y sale de mi vida destrozando azulejos y asaltando la nevera de mi alma
SEGUNDO FRAGMENTO. La mujer de alambre la imagen de tu brazo derecho esquelético y de tu cuello que parece hecho de alambre me trae de vuelta a este mundo en que aún no te has ido tu aliento húmedo a resaca continua me susurra al oido las palabras que preferiría no haber escuchado nunca el tiempo da igual no funciona el reloj y el tictac de mi corazón apenas se oye por el ruido de tus ronquidos marcas cada rincón de mi alma como un animal enfermo orinas en las esquinas de mi vida para alejar de mí la suerte o la esperanza maldices el día en que nos encontramos con los ojos turbios y el animal herido maldigo ese instante inoportuno en que ambos pensamos en recogernos el uno en el otro para despeñarnos juntos por la vida |
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Jesús Andrés Pico Rebollo Sabadell - Barcelona I Tu sombra para todos que pasan a tu lado, aunque te digan árbol o, sin verte siquiera, no detengan sus pasos. II Porque no llueve y sopla el viento tienen polvo las encinas. III Qué dura para el hacha y qué bien arde la leña de la encina. IV Bajo las acacias yo. -Me quiere, no me quiere. Recuerdo, no recuerdo. Olvido, olvido siempre.- Cabe la encina tú. -Amor. Recuerdo. Nunca olvido.- V ¡Ah, miradme perdiendo las palabras! Quisiera ser encina por no perder nunca la sombra. VI Sabor tiene la noche de tu cuerpo a sueño entretejido –luna, bruma-, confiada y dormida encina dura, enorme y detenida bajo el viento. VII El mundo está bien hecho. Y la tarde no se rompe al crepúsculo. Y la vida es un viento que crece entre tus ramas. VIII Sol y sombra. Silencio para escuchar al viento que llega por un camino de juncos levantando gemidos verdes y se vuelve gris en las copas de las encinas. IX Redonda como un mundo la sombra. Densa cual universo la encina. X El anciano arrastra su larga sombra cargada de años. La vieja encina abre su inmensa sombra poblada de años. XI Y tienes en tu sombra heridas de balas, heridas de amor, heridas de tiempo… XII La aurora ha madurado: ya es sol de mediodía posado sobre tus ramas. XVII Y es que en los días de invierno sobre si mismas las tardes se ovillan, se recogen, buscan el sol y el corazón de la encina. XVIII Sombra apenas, encina muerta. ¿Qué queda en el tronco seco, qué hojas, savia o viento? Sólo un nido donde espera sorprender a la muerte tanta vida. XX Detrás de cada sombra, cada sueño, cada mar, cada muerte, cada labio perdido hubo sol, vida, amor, la gota inerte del rocio. Hubo besos. Hubo olvido. XXI Me a- petece buscar la sombra de la encina. XXV Encinas que no me cobijasteis, ¡cómo recuerdo vuestra sombra! Versos que no leeré, ¡os llevo en las sombras del alma! Amores que nunca tuve, ¡sois sombra en sueños para mis dedos! |
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Liliana Souza Don Bosco - Argentina 1 agita un hondo viento pesado queriendo ahogar el día con un rumor obscuro de crecida Juan L. Ortiz I impulsa serpentea horizontes esa línea íntegra que divide contrastes y semejanzas II es el aliento la respiración munida de vaivenes fantasma parcial o inexacto que no se deja ni desbordar ni extinguir III en instantes nulos como la muerte engendra otra vida un reto una urgencia un puente del cual desconfiar IV no busca se inventa inmune a trucos admite diversas liturgias excesos verbales lugar y escala V nunca se ve el tamaño de su boca mirar es perder los ojos 2 s ólo quiero decirla misteriosa música en que flotamos Juan L. Ortiz I impulsa un juego de plano y fondo vías dispares donde un estado de agua produce el accidente cura y cuidado II con malsana prontitud afecta asusta entre lejanía y proximidad la medida del absurdo prolifera III sus formas en lo posible son pedazos de espejo y mica un rol para la belleza que no es cierto IV en singular aprecio por las texturas le urge la necesidad de asir la existencia lo real es un territorio hostil un aura de atracción y de amenaza V imágenes de insinuante desolación son parte del mismo movimiento VI un estado de agua hace el guiño la reverencia VII habrá que restarse o quedar en los fragmentos 3 ángeles calmos aquellas sombras lívidas que se abren en un sueño de agua Juan L. Ortiz I impulsa aire y líquido en su complejidad en riesgo permanente a contraluz e inversos II con la premisa de poner en acto ofrece un misterio aún mayor III nombrar sería excluir lo que vuelve lo que siempre está volviendo se exhibe y exorciza IV es el saldo de una piel mutante que aspira a permanecer con pose pacífica y mortuoria un simple armisticio que genera culpa que implica o explica V bocas más bocas y el impacto sobre el agua calma el desmán la caída los ecos peligrosos VI bocas más bocas innumerables de ellas salen hombrecitos sin aureolas ni mordazas hombrecitos que vuelven al sitio puntual de su derrota VII suerte varia la vida y sus muchos nacimientos una ficción que alivia la memoria que ocurre y acaba |
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María del Carmen Guzmán Ortega Málaga
La última gaviota picotea la arena y un fulgor de jazmines en el ámbito flota, en un cómplice guiño la farola se enciende con la Luna. En la esquina, en la sombra, me observa el cinamomo y me brindan idilios las damas y dondiegos de la noche. La rabia almacenada en la despensa y el coraje guardado en el cajón oscuro, la musa dormitando en el zaguán y los versos colgando en el ropero. Una rima se escapa por el hueco falaz de la gatera y ascienden los sonetos por la yedra del muro. Este calor derrite mis ideas y el corazón se niega a hacer balance, a descansar he puesto a la agudeza, a la musa le he dado vacaciones, y me tiendo a dormir sobre las cuerdas que forma el pentagrama. Quisiera ser encina de profundas raíces, una estatua de bronce, un castillo blindado, una pared de rocas o una pétrea montaña. Ni leve pensamiento ni amapola ni débil figurilla en blanda cera que al calor de la llama se derrite, barquichuelo en un lago o arenisca del mar. No quiero derretirme, fundirme ni licuarme como el estaño al calor de la fragua, como la nieve en tórrido verano, como oliva en la piedra de un molino. Una legión de espíritus ha invadido mi casa. Los duendes y las hadas me han hecho compañía llenándome las horas de recuerdos y jugando conmigo al parchís y a la oca sobre la mesa y al calor de la estufa. A caballo del alba se marcharon mis duendes en busca de otros aires. Yo los llamaba a voces mientras volaban raudos a ocultarse en un cráter profundo de la Luna. Al volver la cabeza hacia el rincón oscuro de mi alcoba me sentí reflejada en la faz del espejo y he visto que también soy un fantasma. La noche se apresura con sus luces violetas, con su pincel de sueños a teñir con su abrazo a la ciudad dormida. Ya es un piélago azul, donde los edificios emergen de este mar sin movimiento. Sobre la negra noche el diminuto broche de una estrella, como una hermosa joya de diseño en terciopelo negro. En el dolce far niente del salón dejo pasar las horas con los pies apoyados en la mesa de centro hasta que el dulce beso de la aurora me despierte otra vez de mi letargo. |
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Juliano Ortiz Ituzaingo - Argentina Y mientras los muertos sigan hablando de las maravillas de estar justamente muertos, él con su boca grande se morderá en el sitio exacto dónde comenzó su vida. Entonces, un disfraz entrará por todo su cuerpo y las estrellas brillarán sobre su cabeza hasta que la noche caiga como una manzana madura y él se esconda de su propia vergüenza y arroje al mundo sus mentiras, sus frases de medianoche, su soledad insalvable, en ese momento será lo que buscaba, y comenzará lentamente a acomodar su cadáver delante de su sencilla verdad.
Las hojas de tu árbol En solo inviernos las hojas de tu árbol se esparcen como locos perdidos. Esas locuras de que veas en un poema la desnudez del hombre. Quién le dice al sueño que deje de creer? Quién desarma las formas de tu cuerpo? En las equidistancias digo los silencios ayer arrastrados por el viento la boca no me deja callar, y es esa ausencia de restos que secan de sangre las heridas.
En celo De noche en celo dormiré en el vientre de la calle Mudaré las esquinas por la aquietada página de sucias maquetas de amores, vagaré hasta el último diablo transparente que grite sin lengua ni garganta, Y cuando comience a llover, fálicamente entraré por la puerta que dudas en abrir pero dejas en sombras entornada.
Otras sábanas La mañana nace en su cara de mujer, el cuerpo tal vez o la curvatura del cuello, sus contornos sin fin preciso me llegan volando, poseído caigo rendido a sus pies de nube, de cielo, de estrellas, del lujurioso amor que como ayer busco entre sábanas que no son mías. |
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Antonio García Vargas Vícar - Almería Quisiera elevar un
poema de amor Puntos euclidianos Una pestaña fugaz acaricia
tu pestaña, |
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Boris Rozas Bayón Valladolid CAMINA EL VIENTO POR LA SENDA DE HUESOS OLVIDADOS… Camina el viento por la senda de huesos olvidados en el atardecer de un desierto como otro cualquiera. Ratifica el cuervo la victoria sobre el cuerpo encendido, destrozando la epífisis del hombre, declarando la supremacía de la legión asmodea.
NO PERTENEZCO… Conscientemente, me digo a mi mismo que no pertenezco a una raza, a una comunidad, a una iglesia, que no me alojo en este cuerpo, que no calzo estos huesos. Honradamente, me enredo conmigo mismo en mis vaivenes, unas veces por otras, contra los mismos hechos. Con esta sinestesia, con estos humildes versos. ENVUELTOS EN EL MAR Tú como yo, envueltos en el mar, con viejas músicas.
Mis dedos besados se deshacen entre tu humilde partitura.
Líneas en blanco que el corazón escribe mientras tus días y los míos se evaporan.
NUNCA HUBO MIRADA MÁS TRISTE A TRAVÉS DE UNA VENTANA Nunca hubo mirada más triste a través de una ventana que la del hombre y la mujer solos, derrotados por la obstinada lluvia, por el día después, por la lágrima convulsa y escondida. Nada más triste que el cemento blanco, la fachada acartonada, el corazón ahuecado... Nada más noble que el lamento frente al camino desandado, la isla abandonada, el hombre solo, la mujer atomizada. Nunca hubo mirada más triste a través de una ventana que la del hombre y la mujer solos, devastados y sin alma. ( a mi otro yo…) NO DEJO DE SER HOMBRE Llama la irrealidad. Como cada noche entra por la ventana del alma, atravesando el tálamo indefenso. Llama la irrealidad. Como cada día no cesa con la mañana del pájaro que canta… porque el sol le ha despertado.
PERFECCIÓN Perfección en la mañana de tierno sol, de invierno desubicado, de desayuno continental y suaves maneras. Te han regalado una rosa, unos versos, un corazón, un motivo. |
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Juan Roberto Ruiz Gomez Ciudad de La Habana - Cuba
Uno Dos Tres
Cuatro Seis |
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Ernesto Capuani Madrid PRÓLOGO "Vivo atado a la memoria" No le quedan más rasgos a mi alma. Vivo sin ningún tipo de aroma o color con el que pudiera tergiversar el sentido de la realidad. Amo la locura, el placer sin exceso que amontonan las sonrisas, los gestos y los secretos. Por esto me pregunto: "El tiempo, ¿qué es el tiempo? La razón, ¿qué es la razón? El amor, ¿qué es el amor? El espejo, mi espejo, ¿qué es un espejo?, y yo, ¿quién soy yo?" Esta ventana de la poesía a la que me he asomado, tal vez, sólo tal vez, pueda decir algo sobre mi nombre, sobre mi espejo o sobre mi yo. En Madrid, 24 de febrero de 2008
"Fue así como los dioses perdieron sus antorchas" Luis García Montero. 1 Ha desaparecido mi nombre. Sus letras se han disuelto entre las risas y los desprecios que caen de mi segundero. Sí, sí…, ha desaparecido mi nombre y su acento. Se han perdido como el eco las palabras profundas y exangües de mi bautizo… Ha desaparecido en el espejo de mi tiempo. 2 Espejos…, rojos o grises, blancos o negros, tristes o cuerdos, creyentes o ateos cristianos o sarracenos con o sin tiempo…, todos los espejos son mis espejos. 3 Las calles de mis manos se han llenado de olvido. Busco sus líneas en las paredes de mi alma y, sin embargo, sé que se han llenado de olvido. Paseo solo por las calles de mis manos y me siento mojado por las gotas de sal que han llenado todo mi olvido. 4 Como no me conozco sé un poco más de mi pasado incierto que de mi futuro venidero. Y sé que todas las letras de mis versos están hechas del vidrio de los sentimientos. Como no me conozco he buscado el rostro anónimo de mi sensibilidad…, y he tatuado mi alma en el fondo del cristal que tienen mis versos. Sí, sí…, lo sé he manchado para siempre con el vidrio de los sentimientos todas mis letras… todos sus cristales… |
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Pedro Nel Niño Mogollón Santander - Colombia
Dejad que me pare aquí, dejadme mirar la naturaleza por un rato. C.P.Cavafis 1 Vieja colina, soñoliento simio, en la noche de la luna ronda enhiesto miras la ciudad dormida con tus ojos de roca milenaria y tus cejas de añejo filamento. 2 Tu tez morena pisaron mis abuelos con pies desnudos o cotizas ocre, aún se sienten sus difuntos pasos, todavía huele a tabaco y a panela tu largo lomo de pétreo dinosaurio 3 Aquí el eco febril de los arreos, aquí el rumor de los arrieros trocando sus cargas por lingotes de oro puro que arañan los mineros en tus pies de California o Vetas. 4 Aún madrugan las abuelas yertas a recoger tus vellos en el suelo para atizar en las negras chimeneas la hoguera cotidiana, el primer fuego, que al frío doma en la escueta casa. 5 Mi madre veía en tus arrugas cuerpos de caminantes mutilados, sangre inocente en tus rodillas cual se ven todavía en Palonegro los huesos de los guerreros muertos. 6 En ti se ha adormecido el tiempo, en ti, Picacho, el coliseo romano, las fieras libres al filo de la tarde, las trompetas en la voz del viento y César plasmado en la neblina 7 Microbios te parecemos a lo lejos; Bucaramanga, una pequeña aldea; tu cuerpo diseminado en la comarca, las ciudades en la cuenca de tu mano y altivo luce tu busto en la distancia. 8 El sol baja de tu frente a la meseta, la lluvia se procrea en tu seno verde, la noche se aduerme en tu costado; por eso al anochecer te despedimos, por eso al amanecer te saludamos. |
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Rafael Castellanos Solana Argamasilla de Calatrava - Ciudad Real
¿De dónde vienes? Contesta, ¡Dime, di! ¿De dónde vienes? Vengo de ver unos ojos, Verdes como el trigo verde. Desde que ayer tarde los vide, Ando cansado y rebelde, Por aquellos ojos que yo vi, Verdes como el trigo verde. ¿Quieres que te dé mi amor, Mi cuerpo, mis ojos, mis sienes? Quiero a la luna y el sol, Por el olivarcito verde ¿Quieres mis manos, mis pies, O solo que te quiera siempre? Quiero a un hombre de verdad, Que me quiera y me respete. Pues aquí lo tienes delante, Ojos como el trigo verde. Y si yo soy poco para ti… Dime, amor… ¿qué más quieres? No quiero más cosa que a ti, Quiéreme y déjame quererte. Aquí me tienes, cariño, Te querré siempre, siempre. Y si alguna vez te faltare, Si alguna vez no me sientes, Quiero pedirte un favor. Dile que venga a la muerte. Porque no puedo estar sin ti, Ya me he acostumbrado a verte, Y me corres por las venas, Igual que la sabia verde Que corre por los olivos, Y por árboles cipreses, Que han de albergar mi cuerpo, Cuando me llegue la muerte Y por la cual yo subiré, Para decirte por siempre Lo que yo te estoy queriendo En la vida y en la muerte. Que ya lo dijo el poeta, Verde que te quiero verde, Verde viento, verde luna, Como tus ojos de verde, Y a la pregunta primera Dime, di, ¿de dónde vienes? Vengo de ver los tus ojos, Verdes como el trigo verde, Que Dios te los guarde, amor, Te querré, siempre, siempre. |
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Luis Blas Fernández Alcalá de Henares – Madrid I SI/NO La flor que deshojé, la flor aquella que asoma hoy al umbral de mi memoria más fresca vuelve y se hace más notoria en el jardín su pálpito de estrella. Si dolorida en mí dejó la huella su corola de blanca indagatoria, me vuelvo a repetir suerte amatoria con un sí / no que otra consulta sella. Porque es Amor, lo intentaré de muevo buscando la fortuna en el relevo donde mi corazón tiene su cita. Ay, mujer, que si queda triunfador el sí de amarnos lo dirá la flor que, como tú, se llama Margarita. II ANIVERSARIO Es cinco de febrero y las cigüeñas anidan ya en la torres centenarias si a la querencia han vuelto puntuales a nuestra vecindad. Madre, recuerdo –porque la muerte no interrumpe nada– tu nombre, hoy Santa Águeda, y apuro el vino que se bebe entre familia celebrando tu viejo aniversario. La sombra de un ciprés republicano se alarga, madre, en tu custodia lejos mecido por los vientos del exilio en tierra y mar airados. Hoy cinco de febrero en el paisaje que tiene Port de Bouc mirando al mar –da lo mismo que hoy sea jueves, madre– alguien ha de poner sobre tu pecho de ceniza extranjera, un amaranto y habrá quien te recuerde, oui madame, tan sencilla mujer y tan rebelde en tu máquina singer afanosa por ayudar a padre derrotado. Hoy cinco de febrero, vuelvo a ser el niño que te escribe su postal en tinta sepia, madre, aun sabiendo que todo es imposible. III AÑO NUEVO Es decirte mujer unas palabras no sé si hoy año nuevo vida nueva serenamente triste y tu me miras porque es la vida igual hoy primer día de este año en desgracia dos mil nueve mujer que abres y cierras las puertas de la duda y la esperanza si arriba en las montañas tengo un nido que estás en camisón sentada al borde de la cama y me miras como ciega de tanta la distancia si yo al frente te miro y me arrepiento como si el mundo ya fuera distinto luz y sombra las cartas boca arriba el viejo calendario sin repuesto si son siempre las mismas estaciones mujer es otro tiempo si ahora mismo tú sentada a la orilla del olvido compones la figura en la mañana por la alcoba descalza susurrando arriba en las montañas viviremos el día que tú aprendas a querer… IV LA VECINA El corazón, a veces, se equivoca ajeno al vecindario, libre y preso en el cerco de pena o embeleso, sin traspasar la vida que le toca. Ah, que de pronto su favor invoca -la necesaria sal o un fugaz beso- la hermosísima dama en carne y hueso, vecina en el umbral de fuego y roca. Demonio o ángel, sea bienvenida mujer al interior de mi aposento, abierto, hoy, con delicada llave. Derrámese en pasión, cure mi herida de soledad, al clandestino aliento, su amante entrega, en generosa clave.
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