SÉPTIMO CERTAMEN INTERNACIONAL 

DE POESÍA 2009 

"LA LECTORA IMPACIENTE"

 

PREMIO

 

HABITARTE

Carla Xel-Ha López Méndez

Guadalajara, Jalisco, México

 

A Richard Hamilton

¿Y qué es lo que hace a los hogares de hoy en día

tan diferentes, tan atractivos?

Su tarde de collage

sus paredes llenas de viñetas

diálogos comprimidos en globos

Colores gritones hermosean

en la televisión egocéntrica de la sala

(adornada de plásticos sillones)

y es la radio un perico con bocinas.

El techo parece flotar en el vacío,

y por la noche

nos atrae ese silencio triste debajo de la cama.

 

Mundo Girondo

I

En la masmédula

manos amamantan

anémonas mamonas que se aman

II

El mundo gira girondo

hondo gira el mundo

girondo girando mundo

escribe hondo.

III

Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates

y t a m b i é n d e s d i b u j a n l o s v e r s o s l a r g o s

IV

En el ¼ cantan las ranas

¼ a las 12

(usted dirá si a mediodía o por la noche)

Cantarranas andan arranadas en la nada y ya no nadan

V

Lumia

¿Cómo preguntarte lo más simple lumia

sin necesitar la luna y la sombra de los gatos

sin recitar rondas infantiles de miles de niñeces ?

sonrisa nace tormenta de mañanas

vértigo.

Lubidulia telúrica

¿ A dónde vas hoy tan infinita ?

 

 

Estudio para autorretrato de Bacon

Un autorretrato muere

la pintura real es una enfermedad

un espejo frente a otro.

Aun no dibujas tu cabeza,

en su lugar, una mancha roja nace

ya lo has dicho "todo cuadro es un accidente"

 

 

Recorremos el museo de mi recámara,

el polvo ocupa las orillas

altivo, soberbio

me hablas de Bacon, de Hamilton,

de tus sueños llenos de onomatopeyas.

Yo

pienso en tu espina dorsal

masmédula acomodada como rieles

de mis ojos

tren lento

(mi lengua, mis labios, mis dedos).

¿Qué imágenes faltaron

y cuántas fueron devoradas,

por cuántos ojos ?

La última película que veré contigo

¿la recuerdas?

... la escena del retrete por donde escapan acuáticas las cartas
... la mano que se desliza como lija por el barandal de la escalera

No amanece

(la ventana es demasiado grande para no notarlo)

estás sentado

no te has ido

pero

ya no hablas

y de repente parece que dormimos

uno tan lejos del otro

¿habrá que fingir silencio?

..porque éste es tan sincero

que nos mata.


 FINALISTAS

 

El bibliotecario de la nada

José María de Juan Alonso

Alpedrete - Madrid

 

El bibliotecario de la nada

avanza en su vieja bicicleta

levantando la niebla de los sueños.

Aúllan los monos en la espesura de los árboles

con una especie de llanto infinito

que inquieta todos los silencios.

La mañana del Congo

huele a pólvora vieja

y a sudor de felinos encelados.

Aquí las nubes

sí están llenas de lágrimas perpetuas

que vuelven a bajar sobre los hombres

con cada tormenta.

Huele a la humedad dulzona de los trópicos

pero no hay ningún libro a la vista

en el que depositar las esperanzas.

Las esperanzas están en esas horas muertas,

rellenando fichas para clientes imaginarios,

esperando el día en que los libros

vuelvan a vivir en otras manos,

vuelvan a transportar esperanza entre los poblados

y a vivir en los sueños de la gente.

Las estanterías están desiertas

pero el bosque está lleno de sueños,

la sabana está llena de sueños.

Sólo a base de sueños

es posible sobrevivir aquí.

A los bibliotecarios de la nada

también podéis decirles tal vez cómo es un árbol

pero no les digáis cómo es la dignidad.

La dignidad es este guardar los libros cada día

después de haber luchado hasta la última sangre,

la dignidad es guardar los libros

con el mismo celo de los diamantes de sangre,

los libros donde se guardan las palabras

que se escribieron sólo una vez sobre el viento

aquí donde los lápices se parten en dos

para que dos niños puedan escribir

dibujos de criaturas mágicas del bosque

que vienen a visitarnos desde el final de los tiempos

cuando no habia libros.

Van pasando las horas

y el polvo del tiempo se acumula sobre los libros,

las horas pesan más que la lluvia

sobre el techo de hojalata.

Los libros están escondidos en cajas

bajo las tarimas de las casas de los que los aman.

Cae la tarde con su cielo de plomo sobre las almas

y aquí no somos ni el tiempo que nos queda,

sólo viviremos si alguien está dispuesto a recordarnos.


Demonio y Dios

Aureliano Cañadas Fernández

Madrid

 

1

Por qué no fui dotado

Más que darme la luz,

me hiciste la luz misma,

la posibilidad

de ser el mensajero

que, súbito, llevara tu palabra

cuando palabra y hombre

naciesen;

de penetrar los muros

herméticos del tiempo

que circundan su vida;

de poseer en tal grado belleza,

que en un adolescente

sería puro estigma

si alguna vez alguno la alcanzara.

¿Por qué no fui dotado de ese instante

que al mortal perpetúa?

2

El gozo

Me niegas cuanto habrás de concederle al hombre:

ese instante que abra una puerta en el tiempo,

esa llave relámpago con la que, torpe, imita

el gozo inexpresable de tu contemplación.

3

Luzbel

Mi grito es el eterno contrapunto

del nombre que cantan los celestes cuerpos.

En vano, la luz creadora de la vida,

huye en el espacio y en el tiempo.

Porque soy Luzbel y nadie escapa

al oscuro poder que me otorgaste.

4

Piedad divina

Como al hombre le duele,

tanto tiempo después,

un miembro cercenado,

aún me duelen las alas

por mucho que me arrastre

y por nada que ascienda.

Tu piedad se derrama

por mundos devastados,

por selvas y desiertos:

nunca llega hasta mí.

¿Es o no es infinita

o la perfecta trama

para el dolor urdimbre,

el reino que me dejas,

como la vida, efímero?

5

Dios de los perros

Dios,

punta de lanza

que diamantinamente

hiende la oscuridad.

Dios Luz Inextinguible,

sin cuya voluntad no se estremece

ni una brizna de hierba,

¿de qué te sirve

el dolor de los perros?

¿No escuchas sus aullidos

en el concierto

de los cuerpos celestes?

¿O de sus pieles haces,

cuando son desollados,

crecer el cinturón de tu infinita

cintura,

de sus vaciados ojos

estrellas que titilen en la noche

de tus cabellos?

Ángeles,

arcángeles,

serafines,

tronos

y potestades cantan

tu nombre interminable

como universo,

sin la resurrección de sus ladridos,

de su alegría

elemental.


Los dias eran frágiles, pequeños

Pilar Gómez Gracia

Torrelodones - Madrid

 

Los días eran frágiles, pequeños

-se cansaban como niños-

sufrían de desidia, desgana,

acaso de nostalgias, de apatía,

violenta enfermedad de nuestro tiempo

-discúlpenme los términos-

sufrían por los cuatro costados,

de este a oeste, norte a sur,

quiero decir

con dolores de parto

-caducos pero siempre primerizos-

sangrantes las esquinas de los mapas

que - todos sabemos - no tienen más mérito

que marcar el lugar del extravío

heridos los cuatro puntos cardinales

-eran cinco antes de naufragar el epicentro-

nada quedaba sino descender,

- de a poco y sin remedio - a los infiernos,

ardua tarea si uno quiere hacerlo

desde dentro, sin alardes,

ahora que parece estar de moda

abanderar cada victoria como propia

nadie tiene balneario interno propio,

ya saben, sauna, barros, aguas cristalinas

-con plaza libre-

para dar reposo a desalientos ajenos

ni siquiera la ciudad, menos aún sus calles solitarias,

los bares cierran de madrugada

cuando estás a punto de tragarte esa locura

con un poco de alcohol, hielo y amnesias

-que siempre es mejor que nada-

ustedes saben, los sueños de contrabando

siempre caminan la noche de puntillas,

tenemos atravesado el porvenir

como una espina, como una piedra en el zapato

-los besos no dan abasto con tanta pena-

violenta apatía les decía al principio

¿recuerdan?

quizá debí llamarlo fracaso

o pequeño homenaje al desaliento

pero me temo sonaría exagerado

-aunque sea cierto-

es por ello que retorno a lo oscuro,

a estas cuatro paredes, que al menos son seguras,

- ¿seguras para quién?-

y tomo papel blanco y escribo

-en pasado, para que no parezca urgente

y menos aún irremediable-

eso de... "los días eran frágiles, pequeños..."


Killing me softly

Óscar Martín Centeno

Alcobendas - Madrid

 

Llegará un día en que seremos sueños,

voces encadenadas,

y volarán los pájaros insomnes a nuestro alrededor

desnudos como ángeles,

y el viento

desgranará la música francesa

que no escuchamos nunca,

y Amiens-Sur-Siene

será una luz lejana que huye de nosotros.

El mundo entero seguirá girando

ajeno a tanto amor, y las palabras

reordenarán las frases lentamente,

casi con un suspiro,

mientras cruzan las lágrimas su rosario de gestos,

y el recuerdo se aleja cosiendo sus retazos.

Muy lejos, mar adentro, donde la espuma canta

melodías oscuras que olvidaron los hombres,

yo te estaré esperando, y el silencio

que dejaste en mis palmas

tendrá las llaves para abrir un mundo

donde siempre debimos encontrarnos.

Lo único que entonces podré darte

será este corazón,

este naufragio,

y las velas ardiendo de una esperanza rota,

sobre este barco en llamas.

Y es que una vez te quise, ¿lo recuerdas?

Fue hace ya mucho tiempo. Pero aquí

esas cosas no importan. Los cristales

se enfrentan y deshacen destejiendo los años

como un caleidoscopio donde acabas mezclando

las mil imágenes del desaliento.

Es que una vez te quise. No me importa

repetirlo mil veces. Mañana tú y yo

podríamos mirarnos lentamente

en el cauce del río,

bajo las rosas mudas con que empieza septiembre.

Y allí es posible que podamos vernos

uno al lado del otro, y comprender

tantas y tantas cosas

que se nos escaparon.

Quizá entonces te entregue

como un regalo que se da

si esperar ya nada,

la luna silenciosa de este amor

que despacio me mata repitiendo tu nombre.


Presagios

Martha Cecilia Cedeño Pérez

L’Hospitalet de Llobregat -  Barcelona

A Luna del Mar

 

I

Llévame contigo

allá donde la mar es recuerdo

y llama de arreboles.

No abriré los ojos a la tarde

y te buscaré en el intersticio

de los días

¿Alumbrara, acaso, tu memoria

de minotauro

con mis palabras huidas?

II

Me bebo y me consumo,

soy el agua que corre por

tus manos

ave de presa ceñida a tus

caderas.

Devoro tu recuerdo

y la lumbre de tus párpados

me habla:

"Arrancad las sombras

dormidas en tu boca,

arrancad los exilios

despiertos en tu espalda".

III

Una mujer de pecho encendido

sigue la señal de la noche,

alza su falda de pájaros

y tropieza con el viento.

Atrás unos ojos largos,

la esperan

y un oscuro temblor

muerde el camino…

IV

Soy una sombra que se agita

entre los pasos de otros pasos,

una desconocida al acecho

de gestos y miradas

signos velados de la ruta efímera,

del camino repetido y nuevo

entre esquina y esquina.

Soy el ojo

la pupila

la visión de los otros en la calle movediza

y su trayectoria silenciosa de no retorno.

V

No me sigas hombre

del espejo,

figura vencida al filo

de la existencia.

Tus manos de guerras

y heridas

no hablan de conciertos

ni de cigarras en el árbol

del camino.

Coge tu espada

y mira hacia los bosques,

allí el alba te espera.

VI

Ayer escribías en las paredes

las incesantes notas del universo.

Ocre y blanca brotaba la música de la tarde

y de las estaciones de autobuses

donde esperabas,

hora tras hora,

el cascabel de la partida.

Fabuladora de cuentos te llamaban

y lo creías risueña

pensando en los enigmas

más allá de la mar.

Con la cabellera suelta

saliste temprano

a recorrer los campos de trigo

y unos ojos te lloraron

desde el marco de la puerta.

Hoy no hay canciones

ni universos transparentes

sólo el regreso colgado en tu espalda.


Acetoilbib

Óscar Casado Díaz

Madrid

 

Duermo en la biblioteca maldita

entre las ruinas de los libros que ardieron bajo el holocausto

me cubre una manta de vacío

y las sombras me atraviesan

humedecidas por la tinta de volúmenes finitos

 

trozos de almas muertas

mutiladas por la metralla

 

trozos de un pasado deleznable

quebrado en el peso de las letras

 

trozos de enfermedad

que tiemblan bajo los miedos de mi noche

 

Ulises ha muerto

y Leopold Bloom recorre ebrio

los pasillos oscuros de la biblioteca de Alejandría

perros aúllan a los espectros en Palmira

y un laberinto minúsculo se esconde

en el interior de una caja de galletas

 

nos dijeron moriréis

eso dijeron

 

porque existe una hermenéutica para cada acto

que los signos saussurianos ignoraron siempre

y una lectura abierta

para resucitar las débiles emanaciones del inconsciente

 

nos dijeron moriréis

pero Ulises

ya está muerto

 

mañana

cuando el sol se oculte

Molly orinará sobre su tumba

Leopold canturreará una canción del porvenir

 

 

un sueño de espejos

Ulises sesilU

Homero oremoH

Joyce ecyoJ

Yo oY

 

espejos de un sueño

  

duermo

escucho el infierno voraz de las palabras

sueño con los oráculos de Saturno

mientras cánticos extraños

se elevan sobre los pasos inestables de la vida

y de la muerte

 

y para muchos

Homero no existió nunca


El exilio de la luz

Aitor Marín Correcher

Villaverde Bajo – Madrid

I

Te vas,

y en la ciudad llueven cristales,

se levanta un aire de alfileres

helados. Se funden todas las luces,

de todas las calles de alquitrán,

fantasmas y silencio.

Los charcos cortan.

Yo voy descalzo,

convencido

de que nada

puede causarme más dolor

que ver como eres ya

un rostro de vapor detenido

en la memoria,

un rumor de lluvia perpetua,

un punto de fuga

en el horizonte de ceniza.

Y pensar que abrazados

en una esquina del tiempo

fuimos, alguna vez, sólo luz.

II

Llegarás a París

con frío en las maletas.

Te aliviarán los guantes

las manos con las que tocabas

estas manos,

cansadas y ásperas,

que escriben sobre su muerte.

Te arropará la bufanda

el trago apretado

de lo que tus ojos miran,

la boca con la que besabas

esta boca,

de escarcha y miedo,

que está más callada que nunca.

Te protegerá el abrigo

el cuerpo que dejaste grabado

en este cuerpo,

trémulo y sin ropa,

que vaga por todas tus calles.

Pero

bajo la piel que resguardas,

habitará sin prisa,

la lágrima helada

de Madrid.

III

Ahora que la distancia

son centímetros y segundos

y que han sido años y calles,

nos buscamos las miradas

entre haces de luz.

Y filtrados por los cristales del olvido

tus ojos me arañan el pecho,

me zarandean el alma

que tuve en algún tiempo viejo,

de horas que pasaban como trenes

de plomo y madrugada.

Y es lejano

el vaho resacoso de nuestras bocas,

el olor a incendio

en el verano de nuestras pieles,

tan desconocidas ya,

que no se rozan y arden sábanas,

que no se humedecen y resbalan

una en otra

en ritual.

Mis ojos registran los tuyos

y en un rincón,

el más negro y profundo

de tu abismal pupila,

me encuentro abrazando el recuerdo

vaporoso de tu cuerpo.

Me hablas

con voz de hielo

y la luz quemada de tu rostro

tirita y desaparece

junto a mi adiós metálico.


¡Ah!, Este Vacío

Héctor Javier Delaloye Echavarría

Rosario- Argentina

Gritaron como ajenas

las estrellas heridas por mi ahogo,

y el sostén oscuro de la noche

se apretó en tu recuerdo

como queriendo abrazarlo conmigo.

Yo deseo sentirte

Igual que esta brisa momentánea.

Igual que la resignación errática

de mi rincón cualquiera.

Igual que esta caricia

que eriza mi piel de nostalgias

entre un Te Amo ilusionado.

Eres el aliento de mis días

más allá de las formas y de los árboles.

Por debajo mismo de mi azul eterno.

Sobre esta melancolía que no me libera

y dibuja capullos inquietos

en los parches de mis versos.

Se durmieron ligeramente como celosas,

mis ansias bendecidas por tu ausencia.

Y pasan las horas, minutos, segundos,

protestando entre las terrazas

y agonizando de a poco

entre la aspereza de mis pensamientos.

Y pasan mis horas, minutos, segundos,

mientras voy trocando tu rostro

con los pétalos magenta de mi horizonte nuevo.

Gritaron como ajenas las estrellas heridas por mi ahogo.

¡Ah!, y este vacío a mis espaldas

que se lleva tu perfil que amo tanto,

hacia litorales de otros dueños.

 

Pianista

Las notas inquietas danzaban
sin sonidos aparentes; ausentes quizás
pues no conocían de vicios, pero tampoco los esperaban.
Poco a poco como persianas,
los momentos se iban sucediendo pálidos,

en tiempos suspendidos acompañando el papel

donde perfectas bailaban.
Dedos trémulos caían como cadáveres
en níveas tumbas de marfil gastado.
Las notas, ¡Ay! las notas como lamentos,
en si bemol se congregaban
Entonces tu vista de tantos y tantos inviernos olvidados,
respiró angustiosa en la negrura

del roble fino que acariciaban.
Caíste en tu naturaleza,

como siempre lo soñaste.
Moriste y a tu desdicha
me quedo muerto por acompañarte.
Sigue arrancando melodías
y escribe de nuevo, ¡si de nuevo! tu sonata.

Conmuéveme como lo hacías
aunque ya no confíes en tu encanto.
¿Acaso el silencio verdugo de tus musas perpetuas

se ha encarnizado ya con tu aliento?

Tu rosa roja se marchita

y tu clavel cubierto de prosa
se compromete a llevarte.
No alces el vuelo; continúa acariciando notas
y agítame como lo hacías.
¡Sigue tocando mi pianista!
bajo tus tumbas de marfil cansado.


Una mujer bajo la influencia

Juan Francisco Navarro Llinares

El Campello - Alicante

 

PRIMER FRAGMENTO. La mujer sin futuro

la mujer sin futuro

delante del tocador improvisado

que es una pila de libros irregular

se arregla el pelo lacio

sus potingues se caen por el suelo

y se queja

emite ruidos guturales

me mancha el lienzo junto a la columna de libros

que culmina en un flexo sin bombilla

y me quiebra la vida

porque va a volver un día cualquiera

llamará a mi puerta con sus labios sucios de carmín

y su mirada perdida en algún lugar

del paisaje impresionista

que es mi cuarto

volverá como se fue y como vino

con una botella de regalo

medio vacía

y con un poco de vida prestada

en el bar de la esquina

no puedo entender porqué entra

y sale de mi vida

destrozando azulejos

y asaltando la nevera

de mi alma

 

SEGUNDO FRAGMENTO. La mujer de alambre

la imagen de tu brazo derecho

esquelético

y de tu cuello

que parece hecho de alambre

me trae de vuelta a este mundo

en que aún no te has ido

tu aliento húmedo

a resaca continua

me susurra al oido

las palabras

que preferiría

no haber escuchado nunca

el tiempo da igual

no funciona el reloj

y el tictac de mi corazón

apenas se oye

por el ruido de tus ronquidos

marcas cada rincón de mi alma

como un animal enfermo

orinas en las esquinas de mi vida

para alejar de mí la suerte

o la esperanza

maldices el día en que nos encontramos

con los ojos turbios

y el animal herido

maldigo ese instante inoportuno

en que ambos pensamos en recogernos

el uno en el otro

para despeñarnos juntos

por la vida


La sombra de la encina

Jesús Andrés Pico Rebollo

Sabadell - Barcelona

I

Tu sombra para todos

que pasan a tu lado,

aunque te digan árbol

o, sin verte siquiera,

no detengan sus pasos.

II

Porque no llueve y sopla el viento

tienen polvo las encinas.

III

Qué dura para el hacha

y qué bien arde

la leña de la encina.

IV

Bajo las acacias yo.

-Me quiere, no me quiere.

Recuerdo, no recuerdo.

Olvido, olvido siempre.-

Cabe la encina tú.

-Amor. Recuerdo. Nunca olvido.-

V

¡Ah, miradme perdiendo las palabras!

Quisiera ser encina

por no perder nunca la sombra.

VI

Sabor tiene la noche de tu cuerpo

a sueño entretejido –luna, bruma-,

confiada y dormida encina dura,

enorme y detenida bajo el viento.

VII

El mundo está bien hecho. Y la tarde

no se rompe al crepúsculo. Y la vida

es un viento que crece entre tus ramas.

VIII

Sol y sombra. Silencio

para escuchar al viento

que llega por un camino de juncos

levantando gemidos verdes

y se vuelve gris en las copas

de las encinas.

IX

Redonda como un mundo

la sombra.

Densa cual universo

la encina.

X

El anciano arrastra su larga

sombra cargada de años.

La vieja encina abre su inmensa

sombra poblada de años.

XI

Y tienes en tu sombra

heridas de balas,

heridas de amor,

heridas de tiempo…

XII

La aurora ha madurado:

ya es sol de mediodía

posado sobre tus ramas.

XVII

Y es que en los días de invierno

sobre si mismas las tardes

se ovillan, se recogen, buscan el sol

y el corazón de la encina.

XVIII

Sombra apenas, encina muerta.

¿Qué queda en el tronco seco,

qué hojas, savia o viento?

Sólo un nido donde espera

sorprender a la muerte tanta vida.

XX

Detrás de cada sombra, cada sueño,

cada mar, cada muerte,

cada labio perdido

hubo sol, vida, amor, la gota inerte

del rocio. Hubo besos. Hubo olvido.

XXI

Me a-

petece

buscar

la sombra

de la encina.

XXV

Encinas que no me cobijasteis,

¡cómo recuerdo vuestra sombra!

Versos que no leeré,

¡os llevo en las sombras del alma!

Amores que nunca tuve,

¡sois sombra en sueños para mis dedos!


Sudestada

Liliana Souza

Don Bosco - Argentina

 1

agita un hondo viento pesado

queriendo ahogar el día

con un rumor obscuro de crecida

Juan L. Ortiz

I

impulsa

serpentea horizontes

esa línea íntegra

que divide contrastes

y semejanzas

II

es el aliento

la respiración munida de vaivenes

fantasma parcial o inexacto

que no se deja ni desbordar

ni extinguir

III

en instantes nulos

como la muerte engendra otra vida

un reto

una urgencia

un puente del cual desconfiar

IV

no busca

se inventa inmune a trucos

admite diversas liturgias

excesos verbales

lugar y escala

V

nunca se ve el tamaño de su boca

mirar es perder los ojos

2

sólo quiero decir

la misteriosa música en que flotamos

Juan L. Ortiz

I

impulsa un juego de plano y fondo

vías dispares donde un estado de agua

produce el accidente

cura y cuidado

II

con malsana prontitud afecta

asusta

entre lejanía y proximidad

la medida del absurdo prolifera

III

sus formas en lo posible

son pedazos de espejo y mica

un rol para la belleza

que no es cierto

IV

en singular aprecio por las texturas

le urge la necesidad de asir la existencia

lo real es un territorio hostil

un aura de atracción

y de amenaza

V

imágenes de insinuante desolación

son parte del mismo movimiento

VI

un estado de agua hace el guiño

la reverencia

VII

habrá que restarse

o quedar en los fragmentos

3

ángeles calmos aquellas sombras lívidas

que se abren en un sueño de agua

Juan L. Ortiz

I

impulsa aire y líquido en su complejidad

en riesgo permanente

a contraluz

e inversos

II

con la premisa de poner en acto

ofrece un misterio aún mayor

III

nombrar sería excluir

lo que vuelve

lo que siempre está volviendo

se exhibe y exorciza

IV

es el saldo de una piel mutante

que aspira a permanecer

con pose pacífica y mortuoria

un simple armisticio que genera culpa

que implica o explica

V

bocas

más bocas

y el impacto sobre el agua calma

el desmán

la caída

los ecos peligrosos

VI

bocas

más bocas

innumerables

de ellas salen hombrecitos sin aureolas

ni mordazas

hombrecitos que vuelven

al sitio puntual de su derrota

VII

suerte varia la vida

y sus muchos nacimientos

una ficción que alivia la memoria

que ocurre y acaba


La rabia en la despensa

María del Carmen Guzmán Ortega

Málaga

 

La última gaviota picotea la arena

y un fulgor de jazmines en el ámbito flota,

en un cómplice guiño la farola se enciende

con la Luna.

En la esquina, en la sombra,

me observa el cinamomo

y me brindan idilios

las damas y dondiegos de la noche.

La rabia almacenada en la despensa

y el coraje guardado en el cajón oscuro,

la musa dormitando en el zaguán

y los versos colgando en el ropero.

Una rima se escapa

por el hueco falaz de la gatera

y ascienden los sonetos por la yedra del muro.

Este calor derrite mis ideas

y el corazón se niega a hacer balance,

a descansar he puesto a la agudeza,

a la musa le he dado vacaciones,

y me tiendo a dormir

sobre las cuerdas

que forma el pentagrama.

Quisiera ser encina de profundas raíces,

una estatua de bronce, un castillo blindado,

una pared de rocas o una pétrea montaña.

Ni leve pensamiento ni amapola

ni débil figurilla en blanda cera

que al calor de la llama se derrite,

barquichuelo en un lago o arenisca del mar.

No quiero derretirme, fundirme ni licuarme

como el estaño al calor de la fragua,

como la nieve en tórrido verano,

como oliva en la piedra de un molino.

Una legión de espíritus ha invadido mi casa.

Los duendes y las hadas me han hecho compañía

llenándome las horas de recuerdos

y jugando conmigo al parchís y a la oca

sobre la mesa y al calor de la estufa.

A caballo del alba

se marcharon mis duendes en busca de otros aires.

Yo los llamaba a voces

mientras volaban raudos a ocultarse

en un cráter profundo de la Luna.

Al volver la cabeza

hacia el rincón oscuro de mi alcoba

me sentí reflejada en la faz del espejo

y he visto que también soy un fantasma.

La noche se apresura con sus luces violetas,

con su pincel de sueños

a teñir con su abrazo a la ciudad dormida.

Ya es un piélago azul,

donde los edificios

emergen de este mar sin movimiento.

Sobre la negra noche el diminuto broche

de una estrella,

como una hermosa joya de diseño

en terciopelo negro.

En el dolce far niente del salón

dejo pasar las horas

con los pies apoyados en la mesa de centro

hasta que el dulce beso de la aurora

me despierte otra vez de mi letargo.


Y mientras los muertos

Juliano Ortiz

Ituzaingo - Argentina

Y mientras los muertos

sigan hablando

de las maravillas de estar justamente muertos,

él

con su boca grande

se morderá en el sitio exacto

dónde comenzó su vida.

Entonces,

un disfraz entrará por todo su cuerpo

y las estrellas

brillarán sobre su cabeza

hasta que la noche caiga

como una manzana madura y

él

se esconda de su propia vergüenza

y arroje al mundo sus mentiras,

sus frases de medianoche,

su soledad insalvable,

en ese momento será lo que buscaba,

y comenzará

lentamente

a acomodar su cadáver

delante de su sencilla verdad.

 

Las hojas de tu árbol

En solo inviernos las hojas de tu árbol

se esparcen como locos perdidos.

Esas locuras

de que veas en un poema

la desnudez del hombre.

Quién le dice al sueño que deje de creer?

Quién desarma las formas de tu cuerpo?

En las equidistancias digo los silencios

ayer arrastrados por el viento

la boca no me deja callar,

y es esa ausencia de restos

que secan de sangre las heridas.

 

En celo

De noche en celo

dormiré

en el vientre de la calle

Mudaré

las esquinas

por la aquietada página

de sucias maquetas de amores,

vagaré

hasta el último diablo transparente

que grite

sin lengua ni garganta,

Y cuando comience a llover,

fálicamente

entraré

por la puerta que dudas en abrir

pero

dejas en sombras

entornada.

 

Otras sábanas

La mañana nace en su cara de mujer,

el cuerpo tal vez o la curvatura del cuello,

sus contornos sin fin preciso me llegan

volando,

poseído caigo rendido a sus pies

de nube, de cielo, de estrellas,

del lujurioso amor que como ayer

busco entre sábanas que no son mías.


Cosmogonía amorosa

Antonio García Vargas

Vícar - Almería

Quisiera elevar  un poema de amor
a la categoría de sublime
con los siguientes datos: 
 
Tú no eres tú ni tu circunstancia.
—Mas no por ello la aurora
dejará de amamantar rescoldos
de nuevas  madrugadas—

Puntos euclidianos
 amenazan con desestabilizar
la geometría del agua.
—De cristal se hace la copa
que alberga el vino.
Es su hueco aparentemente estéril
el que la hace útil—

 
Al fin tiene nombre el puente que une
 ambos labios mayores a sus extremos.
—En el amor hay puertas y ventanas
y cuevas sumamente secretas
cuyos huecos lo hacen habitable—
 
¿Dónde radica el punto flaco del punto?
—Puede que el punto que conocemos
no sea seguido, ni aparte, ni suspensivo;
ni siquiera el punto definitivo—
 
Cómo acariciar un pezón
sin que el otro se entere.
—Intentaré mirarlo
y no lo veré. Escucharlo
y no lo oiré. Tocarlo
y lo haré intangible—
 
Prolonga un guiño hasta el infinito
para ver qué hay detrás.
—Tal y como la luz y la tiniebla
se unen en la oscuridad
me haré finito y veré el vacío—
 
Dado que un beso es inminente
¿qué boca deberá adentrarse en la otra boca?
—Sólo con la ouija puede saberse.
Intuir la realidad original es la clave
para llegar al labio primigenio—
  
Explica la composición onírica del sueño.
—Es un camino solitario hecho de nubes
en el que caben la idea del mundo
y el mundo de la idea—

 
Pon el vientre de tu amada sobre la mesa,
léelo de frente y de perfil.
—En un plano horizontal
la carne no tiene nombre.
Su perfección rehúye siempre
simples lecturas de insectos—
 
Cómo harías el amor si carecieras de sexo.
—Sería amante invisible del amor,
noche eterna sin rincones,
un arrullo inaudible;
una eterna figura sin perfiles—
 
Da una bofetada al aire
y analiza el hueco resultante.
—Cualquier movimiento del aire
cubre espacios pasados ocupados
por vacíos que ya no son—
 
Lucha contra el deseo, véncelo
y devuélvele después su vigencia.
—Gozar de la realidad de tu cuerpo
es descargar la esencia de la sabiduría—
 
Cuál es la composición atómica de un suspiro.
—Suspiros son etéreos átomos caminantes
que originan seres que el amor completa—

Una pestaña fugaz acaricia tu pestaña,
describe el espesor del ojo.
—Ah, querida, esa es la realidad primordial
de la que nacen a diario mil universos—


No hay principio esta mañana

Boris Rozas Bayón

Valladolid

CAMINA EL VIENTO

POR LA SENDA DE HUESOS OLVIDADOS…

Camina el viento por la senda de huesos olvidados

en el atardecer de un desierto como otro cualquiera.

Ratifica el cuervo

la victoria sobre el cuerpo encendido, destrozando

la epífisis del hombre, declarando

la supremacía

de la legión asmodea.

 

NO PERTENEZCO…

Conscientemente, me digo a mi mismo

que no pertenezco a una raza, a una comunidad,

a una iglesia,

que no me alojo en este cuerpo,

que no calzo estos huesos.

Honradamente,

me enredo conmigo mismo

en mis vaivenes,

unas veces por otras, contra

los mismos hechos.

Con esta sinestesia,

con estos humildes versos.

ENVUELTOS EN EL MAR

Tú como yo, envueltos en el mar,

con viejas músicas.

 

Mis dedos besados se deshacen

entre tu humilde partitura.

 

Líneas en blanco

que el corazón escribe

mientras

tus días y los míos se evaporan.

 

NUNCA HUBO MIRADA MÁS TRISTE

A TRAVÉS DE UNA VENTANA

Nunca hubo mirada más triste a través de una ventana

que la del hombre y la mujer solos, derrotados por la obstinada

lluvia, por el día después, por la lágrima convulsa y escondida.

Nada más triste que el cemento blanco, la fachada

acartonada, el corazón ahuecado...

Nada más noble que el lamento frente al

camino desandado, la isla abandonada,

el hombre solo, la mujer atomizada.

Nunca hubo mirada

más triste a través de una ventana

que la del hombre y la mujer solos, devastados

y sin alma.

( a mi otro yo…)

 

NO DEJO DE SER HOMBRE

Llama la irrealidad.

Como cada noche entra

por la ventana del alma,

atravesando

el tálamo indefenso.

Llama la irrealidad.

Como cada día no cesa

con la mañana del pájaro

que canta…

porque el sol le ha despertado.

 

PERFECCIÓN

Perfección en la mañana de tierno sol, de invierno desubicado,

de desayuno continental y suaves maneras.

Te han regalado una rosa, unos

versos,

un corazón,

un motivo.


Pirosmani

Juan Roberto Ruiz Gomez

Ciudad de La Habana - Cuba


al pintor georgiano Nicola Pirosmani

Uno
Mujer que vivía de nubes
mujer que leyó un solo libro
mujer que tuvo hijos como hormigas
esa madre tierra mujer
esa que nunca pude soñar
que fue agua limpia en la creación
esa mujer pasó por mi planeta y lo hizo despacio y en silencio.

Dos
Es de noche un espejo se rompe lágrimas
un camino entre calles piedras ancianos sentados en los portales
un río entre dos calles
una mano del dios que se adora
no es de soportar el llanto reprimido
ni el gran búho que descansa en el bolsillo
y el venado que llevo dentro quiere salir correr
techo que te desplomas conoce
nube en que mueres siquiera hoy
tempestad transforma esta noche en día.

Tres
Tuve una pesadilla alargada cruel
moría en un cuarto lleno de excrementos
era obligado tres días a comer
mis piernas
mis vísceras
mis dedos mis pies
mis heridas
fui obligado a ingerir fantasmas
a morir con monstruos adentro.

Cuatro
Pero de mi vida hice
un canto
enseñé a llorar y a sonreír
a morir y a bailar
a devorar lechuzas muertas de alegría
a caminar descalzo sobre el agua.
Cinco
En Tiflis murió como de rabia
solo en un cuarto solo
con su amor habitual la poesía su
paisaje interior
su jirafa camino del infierno
camino del infinito infierno.

Seis
Encontró el corazón de Rustavelli
durmió en hierba fresca de la aldea
murió un montón de veces
hasta pintaba ciervos
hasta domaba leones este hombre
este buen hombre que amaba y devoraba lechuzas.


Mi nombre ante el espejo

Ernesto Capuani

Madrid

PRÓLOGO

"Vivo atado a la memoria"

No le quedan más rasgos a mi alma. Vivo sin ningún tipo de aroma o color con el que pudiera tergiversar el sentido de la realidad.

Amo la locura, el placer sin exceso que amontonan las sonrisas, los gestos y los secretos.

Por esto me pregunto: "El tiempo, ¿qué es el tiempo? La razón, ¿qué es la razón? El amor, ¿qué es el amor? El espejo, mi espejo, ¿qué es un espejo?, y yo, ¿quién soy yo?"

Esta ventana de la poesía a la que me he asomado, tal vez, sólo tal vez, pueda decir algo sobre mi nombre, sobre mi espejo o sobre mi yo.

En Madrid, 24 de febrero de 2008

 

"Fue así como los dioses perdieron sus antorchas"

Luis García Montero.

1

Ha desaparecido mi nombre. Sus letras

se han disuelto

entre las risas y los desprecios

que caen de mi segundero. Sí, sí…,

ha desaparecido mi nombre y

su acento. Se han perdido como el eco

las palabras profundas y exangües

de mi bautizo…

Ha desaparecido en el espejo de mi tiempo.

2

Espejos…,

rojos o grises,

blancos o negros,

tristes o cuerdos,

creyentes o ateos

cristianos o sarracenos

con o sin tiempo…,

todos los espejos son mis espejos.

3

Las calles de mis manos

se han llenado de olvido.

Busco sus líneas

en las paredes de mi alma y, sin embargo, sé que

se han llenado de olvido.

Paseo solo

por las calles de mis manos y me siento

mojado por las gotas de sal

que han llenado todo mi olvido.

4

Como no me conozco sé

un poco más de mi pasado incierto

que de mi futuro venidero. Y sé

que todas las letras de mis versos

están hechas del vidrio de los sentimientos.

Como no me conozco

he buscado el rostro anónimo

de mi sensibilidad…, y he tatuado

mi alma en el fondo

del cristal que tienen mis versos.

Sí, sí…, lo sé

he manchado para siempre

con el vidrio de los sentimientos

todas mis letras…

todos sus cristales…


Picacho

Pedro Nel Niño Mogollón

Santander - Colombia

 

Dejad que me pare aquí, dejadme mirar

la naturaleza por un rato.

C.P.Cavafis

1

Vieja colina, soñoliento simio,

en la noche de la luna ronda

enhiesto miras la ciudad dormida

con tus ojos de roca milenaria

y tus cejas de añejo filamento.

2

Tu tez morena pisaron mis abuelos

con pies desnudos o cotizas ocre,

aún se sienten sus difuntos pasos,

todavía huele a tabaco y a panela

tu largo lomo de pétreo dinosaurio

3

Aquí el eco febril de los arreos,

aquí el rumor de los arrieros

trocando sus cargas por lingotes

de oro puro que arañan los mineros

en tus pies de California o Vetas.

4

Aún madrugan las abuelas yertas

a recoger tus vellos en el suelo

para atizar en las negras chimeneas

la hoguera cotidiana, el primer fuego,

que al frío doma en la escueta casa.

5

Mi madre veía en tus arrugas

cuerpos de caminantes mutilados,

sangre inocente en tus rodillas

cual se ven todavía en Palonegro

los huesos de los guerreros muertos.

6

En ti se ha adormecido el tiempo,

en ti, Picacho, el coliseo romano,

las fieras libres al filo de la tarde,

las trompetas en la voz del viento

y César plasmado en la neblina

7

Microbios te parecemos a lo lejos;

Bucaramanga, una pequeña aldea;

tu cuerpo diseminado en la comarca,

las ciudades en la cuenca de tu mano

y altivo luce tu busto en la distancia.

8

El sol baja de tu frente a la meseta,

la lluvia se procrea en tu seno verde,

la noche se aduerme en tu costado;

por eso al anochecer te despedimos,

por eso al amanecer te saludamos.


Romance de los ojos verdes

Rafael Castellanos Solana

Argamasilla de Calatrava - Ciudad Real

 

¿De dónde vienes? Contesta,

¡Dime, di! ¿De dónde vienes?

Vengo de ver unos ojos,

Verdes como el trigo verde.

Desde que ayer tarde los vide,

Ando cansado y rebelde,

Por aquellos ojos que yo vi,

Verdes como el trigo verde.

¿Quieres que te dé mi amor,

Mi cuerpo, mis ojos, mis sienes?

Quiero a la luna y el sol,

Por el olivarcito verde

¿Quieres mis manos, mis pies,

O solo que te quiera siempre?

Quiero a un hombre de verdad,

Que me quiera y me respete.

Pues aquí lo tienes delante,

Ojos como el trigo verde.

Y si yo soy poco para ti…

Dime, amor… ¿qué más quieres?

No quiero más cosa que a ti,

Quiéreme y déjame quererte.

Aquí me tienes, cariño,

Te querré siempre, siempre.

Y si alguna vez te faltare,

Si alguna vez no me sientes,

Quiero pedirte un favor.

Dile que venga a la muerte.

Porque no puedo estar sin ti,

Ya me he acostumbrado a verte,

Y me corres por las venas,

Igual que la sabia verde

Que corre por los olivos,

Y por árboles cipreses,

Que han de albergar mi cuerpo,

Cuando me llegue la muerte

Y por la cual yo subiré,

Para decirte por siempre

Lo que yo te estoy queriendo

En la vida y en la muerte.

Que ya lo dijo el poeta,

Verde que te quiero verde,

Verde viento, verde luna,

Como tus ojos de verde,

Y a la pregunta primera

Dime, di, ¿de dónde vienes?

Vengo de ver los tus ojos,

Verdes como el trigo verde,

Que Dios te los guarde, amor,

Te querré, siempre, siempre.


Cuatro tiempos

Luis Blas Fernández

Alcalá de Henares – Madrid

I

SI/NO

La flor que deshojé, la flor aquella

que asoma hoy al umbral de mi memoria

más fresca vuelve y se hace más notoria

en el jardín su pálpito de estrella.

Si dolorida en mí dejó la huella

su corola de blanca indagatoria,

me vuelvo a repetir suerte amatoria

con un sí / no que otra consulta sella.

Porque es Amor, lo intentaré de muevo

buscando la fortuna en el relevo

donde mi corazón tiene su cita.

Ay, mujer, que si queda triunfador

el de amarnos lo dirá la flor

que, como tú, se llama Margarita.

II

ANIVERSARIO

Es cinco de febrero y las cigüeñas

anidan ya en la torres centenarias

si a la querencia han vuelto puntuales

a nuestra vecindad. Madre, recuerdo

–porque la muerte no interrumpe nada

tu nombre, hoy Santa Águeda, y apuro

el vino que se bebe entre familia

celebrando tu viejo aniversario.

La sombra de un ciprés republicano

se alarga, madre, en tu custodia lejos

mecido por los vientos del exilio

en tierra y mar airados.

Hoy cinco de febrero en el paisaje

que tiene Port de Bouc mirando al mar

–da lo mismo que hoy sea jueves, madre–

alguien ha de poner sobre tu pecho

de ceniza extranjera, un amaranto

y habrá quien te recuerde, oui madame,

tan sencilla mujer y tan rebelde

en tu máquina singer afanosa

por ayudar a padre derrotado.

Hoy cinco de febrero, vuelvo a ser

el niño que te escribe su postal

en tinta sepia, madre,

aun sabiendo que todo es imposible.

III

AÑO NUEVO

Es decirte mujer unas palabras

no sé si hoy año nuevo vida nueva

serenamente triste y tu me miras

porque es la vida igual hoy primer día

de este año en desgracia dos mil nueve

mujer que abres y cierras

las puertas de la duda y la esperanza

si arriba en las montañas tengo un nido

que estás en camisón sentada al borde

de la cama y me miras como ciega

de tanta la distancia si yo al frente

te miro y me arrepiento

como si el mundo ya fuera distinto

luz y sombra las cartas boca arriba

el viejo calendario sin repuesto

si son siempre las mismas estaciones

mujer es otro tiempo si ahora mismo

tú sentada a la orilla del olvido

compones la figura en la mañana

por la alcoba descalza susurrando

arriba en las montañas viviremos

el día que tú aprendas a querer

IV

LA VECINA

El corazón, a veces, se equivoca

ajeno al vecindario, libre y preso

en el cerco de pena o embeleso,

sin traspasar la vida que le toca.

Ah, que de pronto su favor invoca

-la necesaria sal o un fugaz beso-

la hermosísima dama en carne y hueso,

vecina en el umbral de fuego y roca.

Demonio o ángel, sea bienvenida

mujer al interior de mi aposento,

abierto, hoy, con delicada llave.

Derrámese en pasión, cure mi herida

de soledad, al clandestino aliento,

su amante entrega, en generosa clave.